Afuera esta bien, pero en casa también

Durante mucho tiempo a través del inesperado sucumbir en el mundo de las relaciones interpersonales vi y sufrí la innegable realidad de que aunque no me era fácil relacionarme con otras personas encontraba una barrera especial con otras mujeres, no lograba causar su empata o no pasaba mas allá de unos saludos por cortesía o una amistad superficial. Cuando el feminismo llego derramándose por todas las plataformas dentro de mi vida encontré mi reflejo reproducido en varias historias alrededor de todo el mundo.

Opte por analizar mi comportamiento, mi forma de pensar, de hablar y de vestir y poco a poco la verdad se fue esclareciendo, mis contemporáneas me consideraban un hombre, pero no un hombre como sinónimo acostumbrado de fuerza e independencia, si no como HOMBRE, todo lo contrario de una mujer y por ende incompatible desde ciertos puntos de vista, a ellas les resultaba y algunas todavía les resulta increíble ver como yo me rebelaba o mejor dicho nunca llegue aceptar los convencionalismos que nos otorgaban por cuestión de genero. Me crié con una mujer maravillosa que siempre puso un especial empeño en mi educación y en mostrarme el valor del desarrollo profesional, por lo tanto y por decisión propia decidí estudiar y en mi mente siempre fue mi objetivo convertirme en profesional, lejos estaban para mi la vida familiar, los hijos o una pareja y a pesar de que eso en pocos aspectos ha cambiado las otras mujeres asociaban todo eso a lo que se conoce como un hombre, yo era un individuo destinado al trabajo y la producción, mas no a lo delicado, a la REPRODUCCIÓN, al calor de un hogar y por deducción yo era algo así como un hombre disfrazado que había llegado a invadir y espiar su territorio.

Mis expresiones tampoco encajaban en el ideal femenino, utilizo sin ningún tipo de pudor palabras que la sociedad ha vuelto ¨masculinas¨ y al ver al sexo opuesto como mi igual nunca los he dotado del supuesto respeto y superioridad que algunos insisten en merecer a toda costa, dicho de otra forma mi falta de tacto al romper esquemas era total. A partir de ahí comenzó un proceso negativo de retroalimentacion o de un juego de espejos, para las mujeres yo era una salida, ofrecida y hasta igualada por no guardarme en los limites, me tildaban de regalada y que obviamente solo buscaba llamar la atención y de desnaturalizada por negarme sin razón suficiente (solo mi libertad a decidir) a no tener una familia o siquiera un hijo, porque seguramente la soledad iba a matarme de la tristeza simplemente por ser mujer, mi cuerpo, mi voz y mis pensamientos se volvieron obscenos y era necesario censurarme y en parte lo lograron de la peor forma posible, porque yo también comencé a criticar a cualquier otra en que me viera íntimamente reflejada, y les negué a ellas la simpatía que yo estaba buscando.

Al mismo tiempo me di cuenta que al enfocarme tanto en la faceta laboral y profesional de la vida había terminado casi por satanizar su cara contraria, el hogar, cuando miles de mujeres han sacado generaciones enteras hacia adelante desde sus casas, yo pregonaba que trabajar era mi decisión y no estaba mal pero por el otro criticaba y llamaba oprimidas a las que tenían o decidían cambiar un escritorio por la cocina, mi creencia en el feminismo no podía ser verdadera si yo criticaba la decisión tomada por otra mujer solo porque yo personalmente no lo haría, yo quería vivir en libertad y tenia que darle lo mismo a las demás, estar afuera estaba bien, pero quedarse en casa también y me llego la hora de entenderlo.

Aunque actualmente es normal ver a mujeres abrirse campo en diferentes áreas del mercado laboral su porcentaje sigue siendo mínimo o con diferencias notables como la brecha salarial, oportunidad de ascenso o credibilidad laboral, porque al llegar a optar por un puesto de trabajo a veces se tienen en contra factores como la falta de experiencia o preparación, pero nacer con vagina también termina por restarle valor al curriculum en algunos casos, ser mujer hace que nos sigan viendo como un limitante en el mundo en general y también entre nosotras.



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